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De prejuicios a oportunidades: un mexicano frente a China
Estados Unidos nos contó un lado de China pero, viajar me demostró algo completamente diferente.
Estados Unidos nos contó un lado de China pero, viajar me demostró algo completamente diferente. Entre una increíble infraestructura, personas muy trabajadoras y un ecosistema productivo, pude entender que los límites del emprendimiento está más en nuestra mentalidad que en el mercado.
Durante mi visita a la Feria de Cantón confirmé que en China hay oportunidad para todos y en todos los rubros. Cada pabellón era una oportunidad de emprender un negocio: en energía, hogar, juguetes, textiles, tecnología, iluminación, herramientas, logística, maquinaria, etcétera. En cada stand había una posibilidad de crear algún proyecto, donde preguntaba un precio, había un escenario de negocio, personalmente creo que lo más sorprendente no fueron los productos, tampoco los precios, fueron las personas.
Los chinos tienen una increíble calidad al tratar con un extranjero, de las cosas más importantes que aprendí fue su filosofía de negocios; no es vender por vender, es crear relaciones donde ambas partes ganen. Una frase que escuché de algunos proveedores fue: “Si tú no haces negocio en tu país, nosotros tampoco ganamos.” Ellos entienden que el éxito en ambas partes es la base para establecer una relación comercial duradera, es por eso que te ayudan a encontrar mejores costos, alternativas de flete, empaques adecuados o mejores versiones del producto que estás buscando, ellos buscan que tú también ganes.
Son excelentes vendedores, dominan su producto, sus características, creen en él y saben explicarte por que sí te sirve y por que ellos son tu mejor opción. Vi vendedores detener una compra con sus clientes para recomendar una opción más útil para su mercado; esa honestidad laboral habla bien de su ética profesional. Sinceramente, jamás pensé ver eso en un vendedor.
Cuando un proveedor te invita a su fábrica lo hace con orgullo y con disposición a atenderte. Me recibieron en fábricas enormes, limpias, con procesos bien definidos y un control de calidad que no necesita ser explicado, porque es visible en su trabajo final. Ellos me recalcaron “No necesitas comprar nada hoy, solo queremos que veas como trabajamos”. Esa transparencia genera mucha confianza en la búsqueda de proveedores.
Pasando un poco al lado cultural, siempre me sentí bienvenido, en ningún momento fui discriminado; en restaurantes, tiendas y estaciones de tren, la atención fue muy amable. Cada vez que me veía confundido en el metro, un policía se acercaba a ayudarme, en todo momento me sentí seguro caminando por la calle, incluso a altas horas de la noche. Las ciudades son limpias, con calles sin basura y un transporte público impecable. A pesar de que no hablábamos el mismo idioma, las señas y el traductor eran suficientes para entendernos, China es el país en donde la comunicación no es un obstáculo, al contrario, es una oportunidad para crecer.
Visitar la muralla China fue la prueba final porque la forma en la que la construyeron, el tiempo que tardaron en hacerla y la longitud que tiene es verdaderamente impresionante, es por eso que su presente industrial solo confirma lo que su pasado ya había demostrado, lo chinos siempre han sido extraordinarios.
Viajar a China me mostró que, para emprender, hay que tener visión, disciplina y humildad para aprender de quienes ya dominan el mundo. China, además de ser la fábrica del mundo, es una escuela abierta para quienes buscamos crear valor real.
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Business Leaders · Edición 8
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